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El blanco de los ojos: la esclera

By agosto 8, 2013 mayo 8th, 2020 Sin comentarios

Esclera¿Te has fijado que el ojo humano tiene una proporción de “blanco” mayor que el resto de las especies?

La esclerótica o esclera (a la que comúnmente se refiere la gente como “lo blanco del ojo”) es la capa fibrosa externa del globo ocular en la que se insertan los músculos del sistema neuromuscular extrínseco del ojo, que se continua con la cornea por delante (en el limbo esclero-corneal) y que es atravesada por el nervio óptico y por los vasos que van a nutrir a la úvea.

Otras funcionas de la esclera

Si nos fijamos bien, la esclerótica visible (no cubierta por los párpados) es mayor proporcionalmente en los humanos que en otras especies, en las que prácticamente no se observa la esclera al tener éstas un iris mucho más grande. Esto constituye una importante herramienta de comunicación no verbal prácticamente exclusiva de los seres humanos, pues el contraste de color entre el iris y la esclera hace más evidente la dirección de la mirada del interlocutor. De esta forma podemos deducir hacia donde mira una persona sin necesidad de que ésta mueva la cabeza o el cuello e incluso anticiparnos a sus pensamientos y acciones. Se baraja que el origen de tal característica sea evolutivo, pues el humano siempre ha sido una especie social, y la comunicación visual potencia la colaboración y cohesión de un grupo, permitiendo así a sus componentes actuar de forma conjunta dándoles una ventaja sobre las otras especies.

Aunque hoy en día esto puede parecer insignificante, resultaba de gran utilidad en los tiempos en los que el ser humano era cazador y aun no había desarrollado el lenguaje, pues permitía a varios individuos ponerse de acuerdo y comunicar sentimientos sin mediar palabra. De hecho, a pesar de haber perdido relevancia desde la aparición del lenguaje, se sigue hablando de los ojos como “el espejo del alma”, y una reseña muy curiosa reside en las películas de dibujos animados en las que la mayoría de los personajes animales aparecen dibujados con visibles escleróticas blancas, dotándoles así de humanismo y expresividad.

Probar esto resulta muy fácil en la vida cotidiana. Si ponemos una pelota en un lugar y le indicamos a un perro dónde está con la mano, éste irá corriendo y la cogerá. Pero si le señalamos la pelota con la mirada (sin mover la cabeza) no reaccionará pues no encontrará significado alguno, mientras que cualquier humano interpretaría que la dirección de nuestra mirada indica la posición de la pelota. Sin embargo, cabe destacar que se ha observado que a través de la domesticación algunos perros sí son capaces de interpretar este “lenguaje” humano, a pesar de no ponerlo en práctica entre ellos.

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